30 de diciembre de 2011

NOX ARCANA

Para variar, esta vez no voy a hablar tanto de literatura sino de música. O más bien hablaré de música basada en la literatura. ¿No les parece una combinación estupenda?

Hace unas semanas estaba paseándome por las tiendas online de Amazon. Hay muchos grupos musicales cuyos CDs no se venden donde vivo, y como soy algo anticuada y todavía no me va lo de la música puramente digital, cuando quiero algo que no está disponible en mi país lo encargo desde Amazon.

En fin, de pronto me topé con algo interesante: unos CDs de música instrumental y ¡tenebrosa! El grupo se llama Nox Arcana; está liderado por dos compositores, uno de los cuales también es un maravilloso artista.

Hubo dos álbumes que llamaron particularmente mi atención: música basada en los cuentos de los hermanos Grimm y música basada en las historias de Edgar Allan Poe. Entonces pensé: "¡Qué maravilla! ¡Al fin he encontrado la música perfecta para sumergir mi mente en el mundo de lo macabro!" (Igual debo aclarar algo: tengo las bandas sonoras de Sleepy Hollow y Drácula. También son estupendas para crear un ambiente tenebroso.) Encargué varios CDs, y la verdad es que están buenísimos. Fabulosos. ¡Macabros! En ese momento soy una feliz escritora de terror fascinada por música horrorosamente inspiradora.

Apuesto a que los hermanos Grimm y Edgar Allan Poe habrían estado orgullosos de estos músicos por captar la atmósfera de su obra escrita. (Tal vez les pregunte si alguna vez me cruzo con sus respectivos fantasmas.)

¡Recomiendo!


Emma

23 de diciembre de 2011

¡ADORO JUEGO DE TRONOS!

¡Caramba, y yo no sabía de lo que me estaba perdiendo! Leía a todo el mundo hablar de lo buena que estaba la serie pero aún no había tenido la oportunidad de verla. Ahora que vi la primera temporada, ¡estoy enganchadísima! Y hasta pienso comprar el libro a pesar de que todavía está carísimo (no suelo comprar libros en edición de lujo por una cuestión de principios: cobran por peso del papel siendo las mismas palabras que en una edición de bolsillo, lo cual me parece un abuso).

Si no saben de qué va la serie, básicamente es como sigue: Hay un mundo fantástico de estilo medieval donde la gente se pelea (y se mata) por gobernar. El clima es algo extraño: los veranos e inviernos pueden durar años. Muy al norte hay un muro, y aparentemente detrás de ese muro habitan unas criaturas llamadas "caminantes blancos" (entre otros seres tenebrosos) a quienes todos temen. Por ahora el mayor problema son las intrigas palaciegas, pero da la impresión de que cuando al fin llegue el invierno y los seres tenebrosos detrás del muro empiecen a hacer de las suyas, entonces las intrigas palaciegas dejarán de tener tanta importancia... :P

Más allá de la premisa, que no se diferencia tanto de otras obras fantásticas, ¿qué es lo que engancha tanto de la serie? Dos palabras: LOS PERSONAJES. Creo que nunca me voy a cansar de insistir sobre este punto: EL ENCANTO PRINCIPAL DE UNA HISTORIA ESTÁ EN LOS PERSONAJES, y Juego de tronos tiene personajes interesantes a patadas. He confirmado, además, lo que otros aseguraban: los personajes de la serie no sólo son interesantes, sino que además son muy humanos porque no hay nadie del todo bueno ni del todo malo. Hacía tiempo que no veía personajes en la pantalla con semejante nivel de complejidad.

Si no han visto la serie, la recomiendo. Eso sí: advierto que no es para estómagos sensibles. Son bastante generosos con las escenas cruentas. :P (A mí me gusta eso.)

Emma

16 de diciembre de 2011

QUÉ DIFÍCIL ES ASUSTAR

A menudo me pregunto en qué me he metido con esto de escribir horror. Y no porque se piense de los fanáticos del horror que estamos chiflados (puedo vivir con eso), sino por las complicaciones inherentes al oficio.

Seamos realistas: vivimos en un mundo donde pasan un montón de cosas escalofriantes. Asesinatos, atentados terroristas, virus mortales, impuestos, accidentes de tráfico, mutilaciones por osos furiosos y una larga, larga lista de etcéteras. Encima, los medios de comunicación nos bombardean constantemente con malas noticias. ¿Y luego se supone que yo he de asustar a alguien con una historia? ¿Una historia de ficción, por si fuera poco? Uf. 'Tá difichi.

Escribir fantasía es mucho más fácil. Pones algunos dragones o unicornios, algún villano ególatra con pretensiones de emperador, alguna princesa rebelde y ¡listo!, en general ya sale una historia bastante pasable y convincente (no digo realista, pero sí funcional). Pero ¿a quién voy a asustar con un vampiro o una momia en un mundo donde existieron Hitler y Bin Laden?

Sí, claro. Podría ponerme a escribir sobre los horrores de la vida real. Eso asustaría, pero... ¡no conozco a nadie que quiera leer sobre eso!

En fin, tendré que seguir devanándome los sesos. Por suerte, las demás facetas de la escritura de horror son fáciles; por ejemplo, a estas alturas tengo bastante práctica describiendo lo que pasa cuando apuñalas a alguien o lo pones en un callejón acorralado por demonios siniestros. (Si no consigo imaginar alguna cosa, siempre puedo practicar acuchillando un pollo del supermercado.)

Tal vez deba poner, en cada cuento, fotos de mi cara cuando me levanto. Seguro que eso sí asustaría...

Emma

9 de diciembre de 2011

¿LITERATURA COMERCIAL?

Debo admitir que no me agrada mucho la etiqueta de "literatura comercial", sobre todo porque en general se utiliza para sugerir, más o menos, que tal o cual libro fue escrito a propósito de determinada manera para venderse masivamente como si fuera un objeto salido de una máquina de fabricación en serie. O peor, se asume que un libro muy vendido es de baja calidad y su éxito radica en que complace a un público masivo de nivel cultural pobre (lo cual me parece un insulto directo a los lectores, puestos en ello).

Qué quieren que les diga, eso a mí no me suena. ¿Hay elementos que, reunidos, pueden aumentar el potencial de una historia para enganchar a un público masivo? No lo dudo. La mente humana funciona de maneras determinadas, y por lo tanto hay aproximaciones literarias más efectivas que otras. Según el género literario, además, hay ciertos requisitos casi obligatorios: por ejemplo, el "vivieron felices para siempre" en las novelas románticas.

Pero que una novela pueda "armarse" de tal o cual manera siguiendo una estrategia de mercadotecnia... ahí empiezo a rechinar. Una novela es una historia, no una máquina. Una máquina puede ensamblarse a partir de sus piezas y funcionará. Si se trata de hacer lo mismo con una historia... es muy probable que el resultado sea una cosa artificial que no convenza a nadie. Tal vez esté pecando de optimista, pero creo que los escritores tampoco funcionamos así. Y no es que vaya a irme al extremo opuesto y escribir una oda a la bendita inspiración, pero se puede encontrar un término medio entre la creatividad espontánea y la creación literaria a pura fuerza de voluntad. De ese balance, diría yo, sale el escritor profesional que puede escribir una novela o dos al año y cumplir con contratos editoriales manteniendo su integridad creativa.

Conste: he leído unos cuantos best-sellers y libros de géneros determinados con esquemas repetitivos. Pero en ningún momento me dio la sensación de que fueran historias prefabricadas. Más bien achacaría el problema... ¡a la falta de imaginación! ¿Creen que ciertos best-sellers son formulaicos? Bueno... pues es algo que he notado en muchos otros libros, puestos o no a la venta. La originalidad suele ser más bien escasa. Tal vez sea culpa del sistema educativo, que no enseña a imaginar.

Creo que, al final del día, los escritores nos sentamos a elaborar una historia, que podrá ser original o no, tratando de contarla de la mejor manera posible. Y si la historia gusta a un público masivo y se vende mucho... entonces es porque algo hicimos bien, no porque sea "literatura comercial". :)

Emma

2 de diciembre de 2011

MIS PELÍCULAS DE HORROR FAVORITAS

El otro día le tocó a mis libros de horror favoritos. Hoy son las pelis. :) Aquí van, sin ningún orden en particular.

Alien. ¿Qué puede ser más terrorífico que un monstruo espantoso en una nave espacial? :D ¿Y quién no olvidará la escena en el almuerzo cuando al astronauta le sale el bicho del estómago? Por algo esta película es un clásico.

La mosca, de Cronenberg. Otra peli con un monstruo espantoso, aunque lo más espantoso es cómo el científico se transforma en dicho monstruo espantoso. Imperdible.

Juego de niños, o sea, la primera peli del muñeco Chucky. Pone los pelos de punta.

Cementerio de animales, basada en el libro de Stephen King del mismo nombre. El guión fue escrito por Stephen King, así que es bastante fiel al libro. Tiene unas cuantas escenas pavorosas.

Arrástrame al infierno, de Sam Raimi. Una chica sufre la maldición de una vieja horrorosa. Mucho suspenso y humor negro.

Saw, la primera de la serie. Las demás están bien, pero la primera fue la que abrió la franquicia y sigue siendo mi favorita. Para variar, es horror con un libreto inteligente.

Coraline. Sí, hablo de la película animada. Es sorprendentemente macabra. ¿Quién tiene ganas de coserse botones en los ojos?

La llamada, y aquí estoy hablando de la remake norteamericana porque la japonesa no la he visto. Esa niña es simplemente terrorífica, y la escena del caballo siempre me pone los pelos de punta.

El barco fantasma, de Steve Beck. Aunque más bien me refiero a los primeros cinco minutos. Y no diré más por si no han visto la peli.

Trick'r Treat, aunque sea por el muñeco con cabeza de calabaza. Es escalofriante. Pero el resto de la peli es entretenida, macabra y con toques de humor negro.

Untraceable. No es una película extremadamente inteligente, pero las escenas de tortura siempre me dan escalofríos.

Expediente 39. Otra peli sobre una niñita muy, muy espeluznante...

Si quieren sugerirme alguna otra, yo escucho. :)

Emma

25 de noviembre de 2011

POR QUÉ AMO A STEPHEN KING

Por las dudas, aclaro que lo amo como ESCRITOR. :)

Sí, lo sé: medio mundo dice que ya no es tan bueno como antes y que sus últimas novelas son demasiado largas. Pero yo igual lo admiro y lo sigo leyendo. ¿Por qué? Pues porque todavía sabe engancharme, y eso es lo más importante que suelo pedirle a una novela. Empiezo un libro suyo y me pierdo en él casi enseguida, ya sea que luego me guste o no (o me guste sólo a medias).

Además, su lista de personajes memorables es larguísima: la enfermera loca de Misery, Randall Flagg de Apocalipsis, Carrie y su chiflada madre, Christine (¡un auto!), el pistolero Roland, el payaso de It y hasta el poeta alcohólico de Tommyknockers.

¿Y qué fanático del horror no atesorará escenas como cierto corte de pie, un baño de sangre en medio de un baile de graduación o la perversa cara de un payaso asomando en una alcantarilla?

Por si todo lo anterior fuera poco, aprecio la honestidad de King. ADMITE que sus novelas no son obras maestras literarias, pero al mismo tiempo agradece a sus lectores por seguirlo y hace el esfuerzo por complacernos.

No puedo pedirle mucho más a un autor. ¡Gracias por entretenerme e inspirarme, señor King!

Emma

18 de noviembre de 2011

MIS LIBROS DE HORROR FAVORITOS

He estado ocupada con algunas cosas por lo que no se me ocurría qué poner aquí, así que para variar no voy a hablar de mí misma (:P) sino de mis libros de horror favoritos. Léanlos si tienen la oportunidad y ya me contarán si están de acuerdo o no con mi elección. :)

Cuentos de amor, de locura y de muerte, de Horacio Quiroga (autor uruguayo que ha sido comparado con Edgar Allan Poe). Nos hicieron leer El almohadón de plumas en una clase de literatura, pero el libro es tan bueno que devoré todos los cuentos. Tiene dos de las historias más macabras que he leído en mi vida (El almohadón de plumas y La gallina degollada).

Narraciones completas de Edgar Allan Poe. Bueno, este autor no necesita mucha presentación, pero como murió hace tiempo ya no se habla tanto de él en los medios. Mis relatos favoritos de él son tremendos clásicos: El gato negro y El pozo y el péndulo. Pero adoro más de la mitad de las narraciones del libro. Algunas tienen su lado cómico, como El diablo en el campanario o El método del doctor Alquitrán y el profesor Pluma.

Dominio, de James Herbert. Éste es un libro que encontré por casualidad en una venta de segunda mano. Hay una catástrofe nuclear... y los sobrevivientes deberán entendérselas con unas ratas mutantes enormes. ¡Es escalofriante! :D (Aunque debo decir que, en general, me gustan las ratas.)

Drácula, de Bram Stoker. Se han hecho tropecientas adaptaciones de la historia, pero tardé un poco en leer la obra original y la verdad es que fue una sorpresa agradable. ¡Era mucho más macabra de lo que yo había esperado para ser una novela tan vieja! Totalmente recomentable.

El año de Drácula, de Kim Newman. Es otro libro que encontré por casualidad (una maravillosa, estupenda casualidad). La historia transcurre en la Inglaterra victoriana; cuenta una realidad paralela en la que Van Helsing NO derrotó a Drácula y él se ha apoderado del trono, convirtiendo la sociedad en una mezcla de humanos y vampiros. Hay referencias a muchas otras obras literarias y personajes de la vida real, incluyendo la vampiresa Carmilla y Jack el Destripador.

Cuernos, de Joe Hill. Había mencionado este libro en un post anterior. Ignatius Perry, el protagonista de la novela, despierta después de una resaca con ¡dos cuernos brotando de su frente! Estos cuernos tienen la propiedad de hacer que las personas le digan la verdad, y así él tiene la oportunidad de averiguar quién violó y asesinó a su novia. Pero aun con los cuernos, no será nada fácil...

Mis demás libros favoritos son todos de Stephen King. Sí, de acuerdo, últimamente sus libros son demasiado largos y todo eso, pero por algo llegó a ser el escritor más popular de gringolandia. Las novelas suyas de horror que más me impresionaron fueron:

Misery. Es la historia de un escritor que sufre un accidente automovilístico y es rescatado por una enfermera que además es su admiradora número uno. El problema es que la enfermera está bastante chiflada... Misery fue el primer libro que leí de Stephen King y el que me convirtió en su admiradora. Encima, la enfermera loca está en mi lista de villanos más aterradores de la literatura. :)

Cementerio de animales. Una familia se muda a una casa nueva. Cerca de ahí hay un cementerio de mascotas, pero un poco más allá también hay un antiguo cementerio indio con el terrible poder de resucitar a los muertos. Sin embargo, los muertos resucitados no serán exactamente como antes de morir.

El resplandor. Danny Torrance, un niño de cinco años, tiene el don de la clarividencia, el cual le resulta a veces una carga tremenda. Las cosas empeoran cuando su padre, Jack Torrance, toma un empleo de vigilante en el hotel Overlook. Allí la familia entera pasará el invierno en completo aislamiento, y Danny descubrirá que el hotel no sólo tiene un pasado terrible, sino que dicho pasado está cobrando vida a través de su don, poniéndolos a él y a sus padres en un peligro mortal.

Cujo. Una madre y su hijo quedan atrapados en un automóvil estropeado, bajo el sol del verano, asediados por un perro San Bernardo infectado de rabia. Terror puro.

Maleficio. Un abogado gordo atropella a una anciana gitana. El padre de la gitana le lanza una maldición: la de perder peso hasta niveles extremos. El abogado debe hacer todo lo posible para detener la maldición mientras su vida desaparece kilo a kilo. Así como lo cuento parece una tontería, pero es una historia fascinante. Stephen King la escribió bajo el seudónimo de Richard Bachman. Curiosamente, uno de sus personajes dice sobre la situación que "suena como una novela de Stephen King". :D A muchos podrá no gustarles el final, pero a mí me pareció perfecto.

Duma Key. Un constructor pierde un brazo en un accidente con maquinaria pesada. Su matrimonio se destruye debido a los cambios de personalidad causados por la lesión cerebral, de modo que él se muda a una casa solitaria en la costa de Duma Key. Allí descubre que tiene un talento asombroso para la pintura, pero hay algo sobrenatural acerca de sus cuadros y poco a poco se hace evidente el influjo de una entidad maligna. Ésta es una de las novelas de Stephen King que se hubiera beneficiado bastante de un recorte de páginas, pero debo decir que hacía mucho tiempo que no me asustaba una muñeca...

Y me voy a seguir leyendo el quinto libro de La torre oscura. ¡Saludos y buena lectura para ustedes también!

Emma

11 de noviembre de 2011

CÓMO NACIÓ ENTRE REJAS

Lo sé, todavía falta un poco para la publicación de mi novela corta (saldrá en enero), pero se me ocurrió que podría contar un poco sobre el origen de la historia.

Antes de eso, sin embargo, les recuerdo que ya están a la venta los dos primeros números de la colección. :) Para más información, pueden visitar la página de la editorial en Facebook o su sitio web.

Bien, volviendo a Entre rejas, la lamparita se encendió cuando pensé lo siguiente: ¿qué tal si hubiera una cárcel y los presos se vieran asediados desde afuera, por lo que tendrían que recluirse en el lugar del que antes hubieran querido escapar? (bueno, más que una lamparita se encendieron fuegos artificiales en mi cabeza, y de inmediato corrí a anotar la idea para no olvidarla).

Claro que ésa fue sólo la idea, y el primer obstáculo que surgió fue el siguiente: OK, hay presos asediados desde afuera, pero ¿cómo llegaron a esa situación y por qué?

Digamos que me rasqué mucho la cabeza en los días siguientes tratando de encontrar una historia que pegara con mi idea.

Entonces pensé que quizás los de afuera estuvieran asediando a los presos para obtener algo de ellos. Y luego pensé que podrían querer a uno de los presos por algún motivo a revelar. Y ahí más o menos empezaron a moverse las ruedecillas dentadas de mi cerebro (sí, mi cerebro literario es anticuado y funciona con ruedecillas, ¿algún problema? :D).

¡Súper! Ya tenía la idea y un esquema básico de la trama. Fue cuando se presentó el segundo obstáculo: ¿cómo cuernos iba a escribir la historia, si nunca he estado presa y no tengo la más pálida idea de cómo funcionan las cárceles en la vida real?

Menos mal que tenemos Internet (porque no iba a cometer ningún delito para hacer investigaciones de primera mano). Me puse a buscar información aquí, allá y acullá y averigüé unas cuantas cosas, entre ellas: la mitad de lo que se ve en películas sobre penitenciarías es pura ficción, el trabajo de guardia carcelario es un ASCO y los vehículos típicos del ejército estadounidense se llaman Humvees (me gusta el nombre, me hace recordar a las abejas).

Sí, todo lo anterior pinta en mi historia. Pero no se preocupen, que no voy a abrumar a nadie con datos; lo que importa en la novela corta son los personajes y las escenas sangrientas.

Dejando de lado las cuestiones técnicas, había algunos aspectos de la trama algo intrincados. No revelaré cuáles (podemos armar un debate después de que salga el libro, sin embargo), pero puedo decir que corrí el riesgo de meter la pata hasta el fondo en la lógica de la historia. Y es que no importa qué tan sobrenatural sea una historia: tiene que tener su lógica interna o se desmoronará como un castillo de naipes.

En fin, bastó poner algo de ingenio y psicología para resolver el último problema, y luego de unas pocas semanas ya estaba listo el pastel, digo, la novela corta. Fue muy, muy divertido escribirla, y ahora sólo espero que también resulte divertido leerla (macabramente hablando). Ahí dejaré que los lectores tengan la última palabra. :)

Emma

PD: Estas chicas parecen muy entusiasmadas por el lanzamiento del libro. Es que los tipos escalofriantes como el de la portada tienen su encanto... (De nuevo, la imagen es cortesía de mi amigo Carlos, a quien pueden encontrar aquí.)

4 de noviembre de 2011

LOS FANS DEL HORROR NO ESTAMOS CHIFLADOS :D

La verdad, no entiendo a la gente que no nos entiende a los fans de lo macabro. ¿Qué tiene de malo divertirse viendo cómo a alguien lo destripan en una peli de horror? Sabemos que es ficción. Sabemos que ninguno de esos gatos (o perros, o conejos; curiosamente, nunca son loros o iguanas) ha muerto durante la realización de la película.

Las pelis y libros de horror son ENTRETENIDOS. Y son sustos seguros; es decir, no arriesgan nuestra integridad física o mental como los asesinos de la vida real, los tiburones o los cobradores de impuestos.

¿Y quieren saber algo más? Escribir historias macabras es tanto o más divertido que leerlas o verlas en el cine. Así nos damos el gusto de liberar las frustraciones de la vida real, imaginando, por ejemplo, que ese molesto vecino que amenaza con matar a nuestro gato por mearle en el jardín es una víctima de nuestras fantasías. :D ¡Y es una catarsis perfectamente legal! Ya están advertidos, por cierto: si alguna vez molestan a un escritor de horror, es muy probable que terminen descuartizados en la ficción...

De verdad, que no estamos chiflados ni hacemos en la vida real las cosas que vemos y leemos en las películas y los libros. Es decir, al menos la mayoría de nosotros (sí, es posible que haya alguna oveja negra por ahí; sin embargo, Jack el Destripador vivió en una época donde no había libros ni pelis de horror... ¡diantre, qué aburrido debía ser!).

En fin, para quienes sí disfruten lo macabro, les recuerdo que ya está abierto el concurso en La Web del Terror. Pueden empezar a enviar sus maquiavélicas historias ya mismito. :)

¡Saludos macabros a todos los fans del horror!

Emma

14 de octubre de 2011

LA NOTICIA SE PROPAGA ;)

Ya falta menos para la publicación de mi historia Entre rejas; mientras tanto, hete aquí lo que he encontrado mientras paseaba por ahí:





¿No es maravilloso lo que se puede hacer con las imágenes hoy en día? :D Éstas son cortesía de mi amigo Carlos, a quien pueden encontrar en Facebook bajo el interesante seudónimo de La Web del Terror. ¡Háganse amigos de él si quieren enterarse de las últimas novedades sobre pelis o literatura de horror! Les aviso que próximamente también organizaremos algunos concursos ¡con libros macabros de regalo!

Por cierto, ya está a la venta el primer número de la colección donde saldrá Entre rejas: se titula Revividos, por el genial Ralph Barby. ¡Búsquenlo en las librerías de España! Les recuerdo que aquí está la página web de la editorial 23 Escalones, para saber más acerca de sus otros lanzamientos.

Mmm, hasta los gatos están esperando con ansias la publicación de mi historia... :P


Emma

9 de septiembre de 2011

¡PRINCESAS MACABRAS!

Esta vez no voy a hablar sobre mí. Esta vez lo que quiero es compartir un enlace estupendísimo que encontré por casualidad.


¿¿¿No están súper geniales los dibujos??? De pronto tengo ganas de contar versiones paralelas de esos cuentos de hadas, pero inspirándome en las imágenes de este maravilloso artista. Ya había dicho en mi primer post que los cuentos de hadas tradicionales tienen sus partes macabras, ¿verdad? Incluso hay una versión terrorífica en película de Blancanieves donde ¡¡Sigourney Weaver!! hace de la madrastra. Está genial, no se la pierdan.

Las películas de Disney son buenas para los niños a plena luz del día. Pero para las noches de tormenta... nada viene mejor que los cuentos de los hermanos Grimm sin censura de ninguna clase.

Me voy a envenenar a alguna princesita, a cortarle un trozo de pie a una hermanastra y a comerme algunos niños abandonados...

Insertar risa macabra. >:D

Emma

2 de septiembre de 2011

DESPERTANDO A LA BELLA DURMIENTE

Eh... no, lo que viene ahora no es un cuento de hadas. Es que hace unos pocos días vi un documental sobre la compañía Disney (cuyo título es el de este post), y me quedé rumiando algunos pensamientos sobre la creación de una historia. O mejor dicho, la creación de una buena historia.

Creo que es bastante sabido que la compañía Disney ha tenido sus bajones. El documental cubre el periodo de uno de esos bajones, desde 1989 hasta 1994, cuando películas como La sirenita y La bella y la bestia consiguieron salvar del desastre a los estudios de animación. En esa época se estaba considerando seriamente que los Estudios Disney dejaran de hacer películas animadas, después de haber criado a unas cuantas generaciones de niños con sus personajes más famosos. El problema: las películas animadas que ellos hacían habían dejado de capturar la atención del público. El mayor fracaso fue El caldero mágico (adaptación de una serie de libros), que ni siquiera cubrió los costos de producción. Otro fracaso fue Bernardo y Bianca en Cangurolandia (aunque fue la primera película donde se aplicó una nueva técnica de coloreado por computadora, la cual sirvió de apoyo para las siguientes películas animadas).

¿Ustedes han visto El caldero mágico alguna vez? Yo sí. Y no me gustó nada de nada. Fíjense qué tan poco me habrá gustado que apenas la recuerdo. Pero sí recuerdo por qué no me gustó: la historia era... irrelevante, por decirlo de alguna manera. Tiene unas cuantas partes tétricas y eso no tendría por qué haber sido necesariamente malo, pero a menos que fuera una película de horror, faltó contrastar esas partes tétricas con partes positivas. Encima, los personajes no tenían nada de chispa. O sea, la película simplemente no daba ganas de verla más de una vez, ¿y qué clase de historia puede ser buena si no se queda en el corazón?

En fin, por lo que cuenta el documental, en ese momento los estudios Disney parecían más concentrados en las luchas de poder y en producir películas rentables que en el arte de contar una buena historia. Parece que en cierto momento los ejecutivos les dijeron a los animadores que el objetivo era ganar dinero, y todos pusieron cara de asco. A UN ARTISTA NO SE LO PUEDE HACER TRABAJAR BAJO ESA PREMISA. NEVER!

A ver si lo dejo claro: LO QUE IMPORTA EN PRIMER LUGAR ES CONTAR UNA BUENA HISTORIA. Y lo interesante de este asunto es que si uno cuenta una buena historia, ¡es mucho más probable que la historia tenga éxito! (OK, OK, los libros también requieren marketing, pero el marketing por sí solo no hace que la historia guste)

Pasemos entonces a La bella y la bestia. Según el documental, se exhibió estando en pre-producción (sin terminar; ni siquiera se habían pulido los dibujos en blanco y negro), e incluso así la gente se puso de pie para aplaudir al final. Fue la primera película animada en ser nominada para Mejor Película en los premios Óscar.

También vi La bella y la bestia. Y me hizo llorar al final. Y la vi más de una vez. PORQUE ES UNA MALDITA BUENA HISTORIA. :D Y lo mismo se vale para Aladdín y El rey león, que vinieron justo después. Curiosamente, los estudios pensaban que Pocahontas tendría más éxito que El rey león. Menudo error.

La bella y la bestia tiene todos los elementos de una buena historia: una protagonista femenina inteligente y audaz; un protagonista masculino que debe superar su lado malo para revelar su belleza interior; un villano apuesto que resulta ser horrible por dentro; escenas con mucha acción (las persecuciones de los lobos, la batalla final), la hermosa escena del baile y la parte donde la Bestia muere, Bella confiesa su amor y todos sacamos los pañuelos. El rey león tiene escenas impactantes (¡Scar mata a su propio hermano!, ¡al final se lo comen las hienas!), el fantasma de Mufasa se le aparece a su hijo en el cielo (algo así como el papá de Hamlet), Timón y Pumba nos matan de la risa y todos terminan felices. Y todo eso narrado con canciones bien pegadizas (díganme si Hakuna Matata no los pone de buen humor).

Pocahontas fue un resbalón no sólo por la inexactitud histórica, sino porque realmente no pasa casi nada en toda la película y encima no tiene un final feliz. ¿En serio? ¿Sin final feliz, después de tanto trabajo? ¡Ugh! Me cayó bien Pocahontas por su mensaje ecologista, y la canción Colors of the Wind es preciosa, pero todo lo demás sobra. Una pena.

Supongo que ahora se estarán preguntando qué tiene que ver esto con la literatura de horror, que es uno de mis géneros favoritos. Pero sí, tiene que ver, porque la literatura de horror también requiere una historia con elementos sólidos y una trama impactante y bien narrada. Algo así como... ¡Misery, de Stephen King! Creo que es uno de los libros más tétricos que he leído. Veamos: hay un protagonista masculino con las piernas rotas por un accidente de tráfico; una enfermera loca que se lo lleva a su casa y lo obliga a escribir; ¡mutilaciones y tortura psicológica!; y un final satisfactorio. Y digo satisfactorio porque los finales felices no son obligatorios en el género macabro; los lectores de horror ya vamos predispuestos a que los protagonistas sufran (cuanto más, mejor), y a que quizás no sobrevivan (si es una peli y trabaja Paris Hilton, definitivamente tiene que acabar destripada). La cuestión es que el final nos deje conformes, aunque todo el mundo muera (de manera memorable, eso sí).

No se puede crear una buena historia pensando en el éxito. Se crea una buena historia cuando se piensa en contar una buena historia. Es plantar la semilla en buena tierra y regarla: luego la plantita crece sola.

Emma

26 de agosto de 2011

¡NOVEDADES EDITORIALES! :)

Como había dicho en mi primer post, muy pronto va a salir a la venta una novela corta escrita por mí. Será dentro de una colección de libritos de bolsillo, de esos que van tan bien para leer en viajes largos de autobús, antes de irse a dormir o quizás en el baño. :P

Aquí está la portada. Hagan clic en ella para ver la página de novedades de la editorial (23 Escalones).



¿No está súper la ilustración? :) :) (y de las otras portadas también; además: ¡el logo es una araña!).

Les cuento de qué va: Un brutal asesino en serie, tan hábil que no parece humano, es capturado en los Estados Unidos. Meses más tarde, Roberto Martínez, un guardia carcelario joven pero experimentado, asume su nuevo puesto en una penitenciaría de máxima seguridad. Lo que no sabe es que la muerte de un prisionero dará inicio a una oleada de asesinatos y destrucción; unos seres sobrenaturales han entrado a la penitenciaría y tienen un objetivo: ajustar cuentas con cierto prisionero. Roberto será el único guardia en posición de resolver el embrollo... y más vale que se dé prisa, porque el tiempo corre.

¿Les he picado la curiosidad? ¡Espero que sí! :D Me divertí muchísimo escribiendo esa historia, y ojalá guste a mis lectores.

¿Empezamos la cuenta regresiva?

Emma

19 de agosto de 2011

EL REPARTO DE LA HISTORIA (2)

En el post anterior di las primeras pautas para la creación de los personajes. Al fin y al cabo, sin personajes no hay historia, ¿verdad? Quedaría algo así como un noticiero, donde se informa sobre lo que pasa pero sin dar nombres, y luego surge esa extraña necesidad de hacer las películas correspondientes para darle más emoción al asunto (lo cual no estaría del todo mal si no pusieran tan a menudo a Nicholas Cage como protagonista).

Incluso aunque uno no escriba, saber qué hace a un buen/mal personaje tiene cierta utilidad. Así, cuando nos topamos con un libro que engancha/aburre, podemos determinar la razón con mayor facilidad. Al precio que están los libros, muchas veces me veo obligada a leer las críticas de los lectores antes de comprar uno, y vaya que aprecio a quienes se toman el tiempo de describir qué les gustó (o no) y por qué.

Creo que el mejor ejemplo para hablar del tema es la serie de Harry Potter, empezando porque tiene un montón de personajes estupendos y porque no deben quedar muchas personas en este planeta que no sepan al menos de qué van estos libros (creo que sólo unos pocos monjes tibetanos no han oído hablar de Harry Potter).

Empecemos por el protagonista: Harry. En realidad Harry es un poquito soso, pero a mí me cayó bien desde el principio. El pobre vive con una familia adoptiva que lo detesta, lo obligan a dormir ¡en un armario! y no tiene un solo amigo en el mundo. A pesar de todo eso sigue siendo un buen chico, y lo primero que hace cuando conoce a su futuro mejor amigo (o sea, Ron), es tratar de que no se sienta mal por ser pobre. A lo largo de los siete libros, Harry siempre está dispuesto a luchar por lo que cree que es correcto, hasta el mundo de no echarse para atrás cuando averigua que debe sacrificar su propia vida. O sea, Harry es tan noble como Luke Skywalker o Frodo Bolsón. Por eso todos queremos a Harry. :D

Después tenemos a Ron: el penúltimo hijo de una familia numerosa. Considerando que se siente opacado por sus brillantes hermanos mayores (especialmente Fred y George, que son súper geniales), Ron también tiene buenos sentimientos y casi no duda en apoyar a Harry a lo largo de toda la serie. El hecho de que dude de vez en cuando lo hace todavía un mejor personaje, porque le da debilidades humanas (como dije antes, los buenos no pueden ser demasiado buenos porque todo el mundo tiene algún defecto).

Y en tercer lugar está Hermione: la cerebrito sabelotodo. Hermione es mi favorita, porque si lo pensamos bien, es la que hace la mayor parte del trabajo intelectual en los siete libros, recibe poco reconocimiento y sin embargo no se queja. Es un poco pesada a veces, pero así son los cerebritos recalcitrantes, como Sheldon Cooper o Lisa Simpson.

En cuanto a los personajes secundarios del bando de los buenos, tenemos a Dumbledore, Hagrid, Dobby (¡adoro a Dobby!), Sirius, Fred y George, Luna Lovegood y unos cuantos más. J. K. Rowling hizo un estupendo trabajo a la hora de darles personalidades únicas y atractivas.

No he terminado de decidirme con respecto a Snape. Diría que Snape es un amargado que por circunstancias de la vida termina del lado de los buenos. Quizás califique de antihéroe, porque hace cosas buenas pero de mala gana. En fin, la cosa es que Snape es un tremendo personaje, porque hasta el último momento no se sabe de qué lado está y tiene un montón de escenas emocionantes.

Ahora vienen los villanos. Quien técnicamente aparece primero es Voldemort, puesto que lo mencionan (o más bien evitan mencionarlo) los magos que andan por la ciudad celebrando su muerte, y luego Dumbledore y la profesora McGonagall. Sin embargo, a quien conocemos primero en persona es a Draco Malfoy. Draco es el típico abusador escolar inteligente apoyado por sus dos matones descerebrados. Resulta asquerosamente despreciable la mayor parte del tiempo, hasta que al final se da cuenta de que quizás sea cierto eso de que el crimen no paga y decide no hacer más fechorías. Conociendo a sus padres, uno llega a preguntarse si no hubiera podido ser un buen chico de haberse criado con otra familia. Otro punto a favor de J. K. Rowling: cada personaje tiene una historia pasada y/o un entorno familiar que explican por qué son de esa manera y por qué actúan como lo hacen.

Finalmente tenemos al villano perverso horrible y sin conciencia: Voldemort. Las motivaciones de Voldemort son bastante simples, ya que lo mueve su propio ego en una búsqueda incesante de poder (su propio ego se vuelve, más tarde, su mayor debilidad). A lo largo de su vida, Voldemort tiene varias oportunidades de cambiarse a la senda del bien, pero elige conscientemente ser malvado. ¿Es creíble? Diría que sí. Hay personas en este mundo que tienen todas las oportunidades para ser buenas, pero deciden actuar de mala manera por codicia y/o egoísmo. Conozco algunas. Voldemort vendría a ser como Sauron o Hannibal Lecter. Como Randall Flagg no, porque Flagg es malo pero simpático. :P Me gustan los villanos que tienen sentido del humor negro (otro ejemplo: el muñeco Chucky).

Por supuesto, también hay personajes secundarios en el bando de los malos que resultan interesantes: Bellatrix, Nagini (es un toque elegante para un villano tener una serpiente gigante), Lucius Malfoy y Dolores Umbridge (que no trabaja para Voldemort pero díganme si no es detestable).

En fin, la cuestión es que la serie de Harry Potter ilustra la importancia de crear buenos personajes, porque una vez que uno llega al FIN, ellos se quedan con uno como si fueran viejos amigos. ¿Y no es ésa parte de la gracia de leer una historia?

Y hablando de historias... estoy trabajando en un nuevo cuento. Habrá sangre y asesinatos. ¡Estén pendientes!

Emma

12 de agosto de 2011

EL REPARTO DE LA HISTORIA (1)

¿Alguna vez les ha pasado de leer un libro y que les importe un pimiento el personaje principal? ¿Verdad que es molesto? Yo odio eso. Si voy a leer la historia de alguien, ese alguien debe importarme para seguirlo hasta el final.

Entonces, si algún escritor aficionado o profesional está leyendo esto, ¡por favor, creen personajes interesantes! Es lo que yo trato de hacer, al menos, y según las críticas de mis lectores beta, al parecer me va bastante bien.

No tiene mucho misterio crear personajes más o menos pasables. Básicamente hay que pensar en tres grupos: los protagonistas, los antagonistas y los personajes secundarios (algo así como la peli El bueno, el malo y el feo; mi favorito es el feo, por cierto). Suelo considerar esto cuando hago el plan de mi historia, ya que obviamente los personajes son una parte integral de la misma.

Diría que, sumando los personajes a la trama, hay cuatro tipos de historias:

1) Historias sobre personas comunes y corrientes a las que les pasan cosas comunes y corrientes. Definitivamente no es lo mío, porque se parece demasiado a la vida real (que, seamos honestos, puede resultar muy aburrida); sin embargo, admiro a quienes puedan sacar algo interesante de eso.

2) Historias sobre personas comunes y corrientes a quienes les suceden cosas extraordinarias. Es fácil entender por qué tienen encanto: nos identificamos con los personajes y a través de ellos vivimos cosas que no podríamos experimentar en la vida real, como ser perseguidos por dinosaurios o enfrentar invasiones alienígenas.

3) Historias sobre personas extraordinarias en un mundo común y corriente. Algo así como Dexter (¡¡adoro a Dexter!!). Es divertido ver cómo estas personas extraordinarias enfrentan los sucesos cotidianos a su propia y particular manera.

4) Historias sobre personas extraordinarias a quienes les suceden cosas extraordinarias. Imagínense a Gandalf enfrentando al balrog en En Señor de los Anillos. "¡¡Tú... no... pasarás!!" :D El problema es que combinar personajes extraordinarios con situaciones extraordinarias puede resultarle demasiado ajeno al lector, así que como mínimo hay que darle alguna preocupación poco extraordinaria al protagonista para que la gente se identifique.

Volviendo a la creación de los personajes, suelo tener en cuenta ciertos elementos: los buenos no pueden ser demasiado buenos (¿quién no tiene algún defecto?); los malos no pueden ser demasiado malos (¿qué persona malvada no tiene alguna virtud?); los villanos de la historia deben tener motivaciones coherentes (eso de ser malo porque sí no cuela); el villano de la historia puede no ser una persona, sino una situación.

Muchos de mis personajes están basados en gente que conozco (pero no me pidan que confiese quién es quién, por si lo digo y alguien se ofende). Lo cual es natural, porque sería difícil que me basara en extraterrestres o seres interdimensionales (mmm, ojalá pudiera). En fin, la cosa es que los personajes resulten creíbles, ya sea que a uno le caigan bien o no. Y no es un requisito esencial que el protagonista sea una persona agradable, porque para eso están los antihéroes, como el doctor House. En serio, ¿quién querría ser amigo del doctor House? ¡Es insoportable! Por eso es que nos gusta. :D

Bien, ya he dado una leve idea de cómo arrancar con los personajes. Daré más detalles en el siguiente post...

Emma

5 de agosto de 2011

DESPUÉS DE LA IDEA

En mi post El grano de arena hablé un poco sobre cómo los escritores obtenemos ideas para las historias (espero que se aplique efectivamente a otros escritores, y si no... bueno, no creo que nadie me demande por generalizar).

El problema es que la idea es sólo el principio, y un principio no es suficiente para formar la perla, es decir, la historia. Como dicen por ahí, el arte es un 10% de inspiración y un 90% de transpiración (transpiración cerebral, por supuesto, porque nadie sudará escribiendo a menos que haga mucho calor y se haya roto el aire acondicionado). Casi cualquiera puede tener una estupenda idea para una historia, pero convertir la idea en una buena historia es lo que hace al escritor. Y escribir una buena historia es bastante más difícil de lo que parece a simple vista.

Desde este punto ya no puedo generalizar porque cada escritor tiene su método de trabajo. O sea, lo que voy a explicar es la forma en que trabajo yo, que pueden imitar si ustedes escriben y les parece aceptable.

La forma en que empiezo a convertir la idea en una historia es... caminando mucho. No, de verdad. El cerebro necesita oxígeno, y el ejercicio es estupendo para hacer que la sangre fluya. Salgo a caminar y me obligo a pensar en la idea inicial y en la historia hasta que aparecen más ideas. A veces surgen así de repente en cualquier otro momento, como si mi cerebro hubiera estado maquinando por su cuenta mientras yo hacía otras tareas más mundanas. Adoro cuando eso pasa. ¡Es menos trabajo si las ideas vienen solas! :D

En fin, lo siguiente que hago es anotar todos esos pedazos de historia y ordenarlos cronológicamente. Ahora voy a dar un dato que quizás asuste un poco: este proceso me puede llevar unos días... o meses... o incluso años. Y muchas cosas pueden cambiar en el ínterin. A veces la idea original se convierte en algo muy distinto, o simplemente pierde el encanto (¡cómo odio cuando eso pasaaaaa!).

Cuando tengo suficientes ideas para formar una estructura coherente, lleno los huecos e imprimo un plan de la historia con espacio para notas. Aquí siempre saltan muchos otros escritores a decirme que los planes limitan la imaginación y etc., PERO YO FUNCIONO ASÍ Y ME VA BIEN, GRACIAS. :D Para mí el plan de la historia es como el plano para la construcción de un edificio. Podría tratar de improvisar... pero seguro que la cosa se vendría abajo tarde o temprano, por esas molestas leyes de la física. Y no tengo tanta paciencia como para hacer cincuenta revisiones, así que hago el plan desde el principio y ya. Aunque tengo que asegurarme de que el plan sea coherente, no sea cosa que vaya por las 50.000 palabras y me dé cuenta de que cometí un tremendo error en la lógica de la trama (lo cual ameritaría una reacción muy cercana al suicidio, pero como eso es muy dramático, me consuelo con una barrita de chocolate mientras pienso cómo salir del entuerto sin tirar todo lo escrito a la basura).

Esto sigue, así que no se vayan muy lejos...

Emma

29 de julio de 2011

LA MALDICIÓN DEL TIGRE (3)

[Tercera parte del cuento. La primera está aquí y la segunda aquí.]

Para Hamza Okoro, Nueva York no podía ser más diferente de la pequeña aldea africana donde él había nacido. Incluso en la época actual, el hogar de sus padres carecía de electricidad y agua corriente, y la ciudad más cercana se hallaba a muchos kilómetros de distancia. Sin embargo, según su abuelo, la civilización los había alcanzado de otras maneras, y no precisamente favorables.

¿Qué quedaba de las grandes sabanas que solían recorrer los ñus y los elefantes, los leones y las hienas? Poca cosa. Excepto por las reservas, donde nadie entraba salvo los turistas, las tierras vírgenes habían sido dedicadas a la ganadería o convertidas en pobres campos de cultivo. En otros lugares había fábricas y ciudades, o extensos basureros que alojaban los desperdicios del mundo moderno.

A pesar de todo, Hamza era un cazador. Su abuelo le había enseñado a seguir rastros, aunque fuera de pequeños roedores, y él había practicado el tiro al blanco con objetos inanimados, móviles o inmóviles. No obstante, a diferencia de su colega Randy Winston, él nunca había matado un solo animal. Su vocación de cazador era puro instinto, como los gatos domésticos que juegan con bolas de lana en lugar de ratones. Estaba bien así. Perseguir animales para protegerlos era igual de satisfactorio.

Hamza había atravesado medio mundo para llegar a Nueva York, obedeciendo un pedido de lo más extraño. Bueno, el pedido no era tan extraño, pero sí las explicaciones que llevaban a él. ¿La misión? Capturar a un tigre. ¿Lo raro del asunto? Para empezar, se trataba del mismo felino que le había destrozado los brazos a su colega Winston, quien no sólo había sufrido la amputación de uno de ellos, sino que se hallaba en un estado delirante para el que los médicos no tenían respuesta alguna. Básicamente se la pasaba diciendo incoherencias sobre reyes de la selva y precios a pagar por la osadía de mancillar lo que era sagrado.

En segundo lugar, el felino se había extraviado en plena Ciudad de Nueva York, y llevaba así varias semanas sin que nadie hubiera podido atraparlo. De algún modo había llegado hasta el mismísimo Parque Central, y todos los equipos destinados a recuperarlo habían desaparecido en él como si fuera la antigua Amazonia. Eso no tenía ningún sentido, pero más increíble era la siguiente pieza de información: una de las veterinarias del zoológico, la doctora Susan Dale, se las había arreglado para liberar a los demás animales encerrados, y éstos también se habían refugiado en el Parque Central.

Hamza había pensado que le estaban jugando una broma, pero no, la cosa iba en serio, y ahora él tenía que capturar al tigre fugitivo y posiblemente al resto de la fauna del zoológico. Para redondear la situación, nadie había contestado sus llamadas en las últimas cinco horas. Hamza, por lo tanto, se dirigió primero al zoológico, donde suponía que un grupo de expertos lo estaría esperando para ayudarlo en su tarea.

Mucho antes de llegar a destino, el hombre se dio cuenta de que algo no estaba bien. Era apenas la segunda vez que visitaba Nueva York, pero la recordaba como una ciudad ruidosa y ajetreada, con peatones que iban de un lado a otro muy concentrados en su objetivo. Esa tarde, en cambio, había muy poco tráfico, y las pocas personas que caminaban por ahí parecían deambular sin rumbo fijo. Hamza vio a varios ejecutivos detenerse poco a poco, mirar en derredor y continuar la marcha en otra dirección, como si hubieran olvidado su propósito original. El cazador disminuyó la velocidad. Tenía miedo de atropellar a alguien o de chocar con otro automóvil.

Una sorpresa todavía mayor lo esperaba en el zoológico: las puertas estaban abiertas y al parecer no había nadie en su interior, ya fueran hombres o animales. El cazador bajó de su camioneta. Ahora sí que no entendía nada, y ahuecó las manos frente a su boca para llamar a gritos a quien pudiera escucharlo. Nadie le respondió, ni tampoco a sus llamadas telefónicas.

El hombre frunció el entrecejo. Estaba más confundido que nunca, y no sabía qué hacer a continuación. ¿Debía aguardar hasta que alguien fuera a buscarlo? ¿O marchar al Parque Central en busca del tigre perdido? Tal vez los empleados del zoológico estuvieran ahí... aunque Hamza comenzaba a dudarlo. El hombre no era supersticioso, pero de pronto sintió que estaba tratando con un poder más allá de su comprensión.

Volvió a la camioneta y arrancó de nuevo. Recordando los delirios de Randy Winston, se le ocurrió que hallaría las respuestas junto al animal que lo había iniciado todo.

Un rato más tarde, Hamza detuvo el vehículo frente al Parque Central, y no porque hubiera llegado a él, sino porque los árboles habían avanzado a su encuentro. El hombre bajó de la camioneta una vez más y contempló el extraordinario paisaje, tan asombrado que por un instante se quedó sin aliento.

El pavimento y los edificios estaban llenos de grietas, y la vegetación surgía de ellas como si la ciudad hubiera estado abandonada durante siglos. Los automóviles circulaban evitando las raíces y los troncos, pero allí donde no era posible, sus conductores se apeaban y continuaban a pie sin demostrar sorpresa o fastidio. Muchos de ellos abandonaban sus bolsos o portafolios, y Hamza vio a un hombre interrumpir una conversación por su móvil, contemplar el aparato unos segundos y dejarlo caer al suelo. Luego ese hombre se quitó los zapatos y la corbata y penetró en la arboleda, donde no tardó en desaparecer.

¿Qué clase de embrujo era ése?, se preguntó el cazador. Una especie de selva se estaba apoderando de Nueva York y parecía lo más natural del mundo. Hamza volvió a pensar en Randy Winston y un escalofrío recorrió su espalda. Tenía que dar la vuelta y huir. Tenía que marcharse de ese lugar antes de que el embrujo lo afectara a él. Retrocedió hasta su camioneta... y se detuvo, porque se dio cuenta de que otra parte de su ser también se moría de curiosidad. Además, aquello era... fascinante. Hacía tiempo que no veía tantos árboles juntos, y francamente había olvidado cuánto le gustaban. Estiró un brazo para retirar del vehículo su rifle de dardos; luego lo pensó mejor y también encajó en su cinturón un cuchillo grande, de doble filo. Equipado de esta manera, él también se metió en el parque.

Lo primero que llamó su atención fue el clima: hacía calor ahí dentro, y la humedad era sofocante. Hamza abrió los botones de su camisa hasta dejar su pecho al descubierto, pero eso no le bastó para refrescarse, de modo que se quitó la prenda y la ató a su cintura. Una mariposa grande pasó frente a él. Por lo que el hombre sabía, esa especie no existía en Nueva York. Hamza pasó una mano por su frente y siguió caminando, atento a cualquier movimiento o sonido amenazador.

Las construcciones humanas del parque seguían en su sitio, pero había que prestar atención para verlas porque estaban cubiertas de hojas y enredaderas. De los senderos no quedaba mucho a estas alturas, y Hamza se preguntó si a la mañana siguiente sería capaz de distinguirlos. Probablemente no.

El cazador sintió que alguien lo observaba, pero tardó un poco en descubrir la figura oculta entre las ramas. Era una mujer joven, desnuda, cubierta de barro. Sus ojos azules destacaban como zafiros en la penumbra, y no había nada humano en su expresión. Aun así, Hamza creyó reconocerla por una foto que Winston le había enseñado.

—¿Doctora Dale? —preguntó el cazador. Ella no respondió. Se lo quedó mirando un poco más, evaluándolo en silencio, y luego escapó con la agilidad de un simio, saltando de árbol en árbol. Algunas aves chillaron a su paso.

Hamza secó de nuevo el sudor de su frente, aunque empezaba a acostumbrarse al calor. Sospechaba que muy pronto se sentiría cómodo ahí, y tal vez no le parecería mala idea quitarse toda la ropa, igual que la mujer.

Unos gruñidos y ronroneos llegaron a él. Apretando el rifle en sus manos, el hombre continuó avanzando en esa dirección. Sentía que estaba a punto de ver algo temible y maravilloso al mismo tiempo, algo que cambiaría su vida para siempre. Dar la vuelta ya no era una opción.

Los árboles se abrieron un poco, dejando entrar la luz del sol, y ahí, sobre la hierba, estaba el tigre. Su pelaje brillaba con colores intensos, y su presencia llenaba el claro más allá del espacio que realmente ocupaba su cuerpo. Sentado sobre sus patas traseras y agitando su cola anillada de un lado a otro, le dirigió al recién llegado una mirada de advertencia. El hombre levantó su rifle y apuntó, pero su dedo no oprimió el gatillo. El tigre era muy hermoso.

Había una hembra en la periferia del claro. Ésta se aproximó al tigre y restregó la cabeza contra su costado, y él le respondió con un gruñido afectuoso. El rey y la reina del Parque Central, pensó el cazador; Adán y Eva de un nuevo mundo. ¿O sería de un viejo mundo que volvía a nacer? Daba lo mismo. No sería él quien perturbara la escena, de modo que bajó el rifle y lo depositó en el suelo, como una ofrenda de paz. La mirada del tigre se suavizó. Parecía satisfecho.

Tanta belleza, pensó el hombre, retrocediendo paso a paso. Tanta belleza al borde de la extinción, rescatada en el último minuto por un milagro. Los labios de Hamza se curvaron en una sonrisa cuando un pavo real se cruzó en su camino, deslumbrándolo con los destellos de sus plumas. Ninguna obra de arte humana había llegado a superar eso.

El cazador se desvistió por completo. Ahora el calor le resultaba agradable, así como el tacto de la tierra bajo sus pies. ¿Qué necesitaba un hombre para vivir? ¿Computadoras, dinero, automóviles caros? Bah. La especie había existido miles de años sin nada de eso, y sin destruir su entorno para crear un ambiente artificial.

Lo único que Hamza conservó fue el cuchillo. Por unas horas, al menos, hasta que lo usara para afilar un palo. Necesitaba una lanza.

Esa noche cazaría su propia comida.

[Continuará... No, era broma, ya se acabó :D]

FIN


[Nota: Espero no haber exagerado con el alegato ecológico. Lo que me seducía de la historia era la idea de una evolución inversa. La naturaleza conquistando la civilización. Que conste que me gustan ciertas comodidades de la vida moderna, ¿eh?]

Emma

22 de julio de 2011

LA MALDICIÓN DEL TIGRE (2)

[Segunda parte del cuento. La primera está aquí.]

El avión cruzaba el Atlántico sin tropiezos de ninguna clase, rozando apenas con su vientre metálico algunos montones de nubes aborregadas. A la doctora Susan Dale no le gustaba mucho el transporte aéreo, pero ese día tuvo que admitir que estaba bastante cómoda en el compartimiento de carga, sola en la penumbra. Bueno, no exactamente sola. Ella cuidaba de cierto pasajero peludo, y aunque éste no hablaba, su compañía le resultaba más satisfactoria a la mujer que la de muchas personas.

El tigre descansaba en su jaula, despierto pero en calma. Era un poco extraño; después de haber mandado a Randy Winston al hospital con heridas gravísimas, no había dado un solo problema desde su captura a pesar de ser un animal salvaje. La doctora Dale había traído suficientes tranquilizantes para todo el viaje, pero ya pensaba que no tendría que usarlos. Mejor así, por supuesto. Bastante malo era haber tenido que sacar al animal de su entorno como para encima mantenerlo drogado. Esa mirada inteligente, su indolencia gatuna, la elegante pose de esfinge... ella no quería arruinar eso. Y la forma en que el tigre la miraba de reojo la hacía estremecerse, pero no de miedo, sino de emoción. Susan estaba frente a una de las especies más bellas del planeta, y cada vez que el tigre le prestaba atención era como un obsequio. Ella no tenía la obligación de cuidarlo, tenía el privilegio de cuidarlo, igual que un tesoro. Además, ya podía verse supervisando a los nuevos cachorros que el animal engendraría, y que sin duda serían tan magníficos como él. Las cosas no podían salir de otra manera.

El felino bostezó y luego se dio vuelta en la jaula para mirar a Susan fijamente, transmitiéndole su fuerza y serenidad. De pronto ella se sintió parte del tigre y su mundo: oculta entre los árboles, escuchando el canto de las aves mientras esperaba que algún herbívoro incauto se pusiera a su alcance para saltar sobre él y devorarlo. Era el llamado de la naturaleza, exhortándola a convertirse en lo que su propia especie había sido alguna vez, cuando los seres humanos aún no conocían el lenguaje escrito y vagaban por el mundo en grupos, recolectando frutos y cazando animales sin más ayuda que palos y piedras. Era una existencia dura pero sin artificios, y los hombres y mujeres formaban parte de la tierra en lugar de explotarla según su conveniencia. El ciclo de la vida y la muerte en su forma original.

La aversión de Susan por los aviones regresó en toda su intensidad. ¿Qué hacía en una máquina voladora? Ella no tenía alas propias, y sólo así concebía la idea de remontarse en el aire. Se quitó los zapatos. Ahora la molestaban, porque no le permitían sentir de qué estaba hecho el suelo bajo sus pies. Pero no se sintió mucho mejor después de quitárselos, debido a la superficie lisa y dura que la sostenía. En ese momento hubiera dado cualquier cosa por caminar sobre la hierba o la arena, atravesando las distancias con el esfuerzo de su propio organismo. Las máquinas no tenían alma, eran cosas frías y muertas que sólo producían contaminación y ruido.

El tigre ladeó la cabeza. Susan tenía muchas ganas de tocarlo, de acariciar con sus dedos el hermoso pelaje y disfrutar al mismo tiempo de su calor. Pero le daba un poco de miedo. O quizás fuera respeto. En comparación con el tigre, ella era muy poca cosa.

El resto del vuelo pasó sin que la mujer lo notara, como si hubiera retrocedido en el tiempo a una época anterior a los relojes, las horas y los minutos. Lo que importaba en ese entonces eran los ciclos de la noche y el día, las estaciones, el hambre y los latidos del corazón. ¿Qué falta hacían los calendarios? Parecía tonto medir lo que no se podía cambiar.

La luz del exterior penetró el compartimiento de carga cuando la puerta se abrió, y Susan vio un par de rostros conocidos pero que le costó muchísimo identificar, porque sus nombres no significaban nada para ella. En lugar de eso tuvo que recurrir a los olores y las voces, y recién ahí pudo responder con un gesto a los hombres que la saludaron. Ellos se detuvieron y la miraron con extrañeza.

—Doctora Dale, ¿se encuentra bien? —preguntó el que se hallaba más cerca. Susan tuvo que abrir la boca varias veces antes de conseguir articular unas palabras.

—Yo... estoy... bien.

—Ah. ¿Por qué no le avisó al piloto que hacía calor aquí dentro?

¿Calor? ¿Hacía calor? Ella no se había dado cuenta. ¿De qué estaba hablando el hombre? Susan percibió una brisa fresca en sus brazos, piernas y estómago, y al verse a sí misma descubrió que apenas estaba vestida. Se había quitado la chaqueta además de los zapatos, y había usado las tijeras de su equipo quirúrgico para recortar su blusa y pantalones. No recordaba nada de eso, pero pensándolo bien, no había sido tan mala idea. Se sentía... más libre.

—Bueno, da igual —continuó el hombre—. El camión está esperando para trasladar la jaula. Ya tenemos los permisos de aduana. ¿Está sedado? Se ve muy tranquilo...

Susan miró al tigre. No había cambiado de posición ni de actitud, aunque sí parecía más alerta que antes. Como si esperara... algo.

Por centésima vez, Susan reprimió las ganas de acariciar al tigre y se dijo que no debía sentir lástima por el hecho de que fuera a pasar de una jaula a otra. Al fin y al cabo, pronto estaría con dos bellas compañeras y en un espacio grande y adecuado a sus necesidades. Viviría muchos años disfrutando de todas las comodidades posibles, querido y admirado por los visitantes del zoológico, y... y...

Pero ya no sería un rey, pensó la mujer. Y si la especie no se recuperaba, el tigre se convertiría en una reliquia. No era el destino apropiado para semejante maravilla.

Una hora después, la jaula estaba en el camión y éste se dirigía al zoológico por una calle gris flanqueada de edificios igualmente grises. Las personas circulaban como en manadas de un lado a otro, ajenos a la ausencia de árboles. Había algunas plantas en tiestos, pero eran parte de la decoración.

Susan se percató de lo mucho que odiaba las grandes ciudades. ¿Cómo podía siquiera haber aire respirable entre tantos muros de concreto? El cielo apenas se veía allá en lo alto, como si las construcciones humanas también se lo hubieran tragado. La mujer sintió que se ahogaba y abrió otro botón de su blusa. Ya se le veía el sujetador, pero no le importaba; era su cuerpo, algo perfectamente natural y de lo que no tenía por qué avergonzarse. Que el conductor la mirara, si eso lo hacía feliz.

Un sonido empezó a elevarse desde la parte de atrás del camión. Al principio era un murmullo suave, pero luego fue creciendo hasta convertirse en un poderoso ronroneo. Susan estuvo a punto de preguntar si algo le pasaba al motor del vehículo, pero entonces supo que el sonido provenía del tigre. No, no podía ser, se contradijo después; los tigres no ronroneaban... ¿o sí? Daba igual. Como fuera, el sonido había opacado el bullicio de la ciudad, desde el tráfico hasta las maquinarias de construcción. Susan no escuchaba otra cosa, y poco a poco el ronroneo se apoderó de ella, haciéndola olvidar todo lo demás. El conductor tampoco parecía ajeno a su influencia, porque a menudo giraba la cabeza hacia atrás, cada vez más distraído.

Susan dejó de ver los edificios. Tenía la mente llena de hojas verdes, lluvia, flores y monos. Sus oídos percibían, por debajo del ronroneo, cantos de pájaros y el croar de las ranas. Y le gustaba todo eso. Se sentía como en casa.

La mujer apoyó una mano en la de su compañero y lo miró sin decir una palabra. No hacía falta. El conductor adivinó lo que ella quería decirle y se limitó a girar el volante, desviando al camión del flujo de vehículos. De esta manera llegó a una calle poco transitada, y ahí pisó el freno. El ronroneo era más fuerte que nunca, y ahora también lo acompañaba el latido de un corazón. Susan pensó que era como una especie de música. Música de vida salvaje.

Hombre y mujer descendieron del camión y fueron hasta la parte de atrás. En la jaula, el tigre se lavaba una pata con la mayor tranquilidad del mundo, aunque dejó lo que estaba haciendo y se puso de pie al ver a ambos humanos. No intentó hacerles daño cuando ellos se acercaron para abrir la puerta de la jaula.

Segundos después, Susan tenía al tigre justo frente a ella, sin barrotes de por medio. No había agradecimiento en los ojos del felino, sino más bien una profunda soberbia. El orgullo de un rey. La mujer se puso de rodillas y extendió una mano. Estaba indefensa y lo sabía, pero no le importaba; se sacrificaría de buena gana si el tigre tenía hambre y decidía tomarla como su próximo alimento.

El animal acercó el hocico a la mano y dejó que Susan lo acariciara. Ella inclinó la cabeza y miró al suelo, y sus dedos recorrieron el pelaje del animal pasando por su frente, sus orejas y los mechones blancos a ambos lados de su cara. No era suave sino áspero y recio, la mejor protección contra los elementos. La mujer hubiera podido quedarse así durante horas.

El tigre se apartó y luego Susan percibió una corriente de aire a su derecha. Cuando ella se volteó, el animal había desaparecido entre los edificios como si fuera otra especie de jungla. Susan lo hubiera seguido... pero tenía algo más que hacer.

La mujer le indicó al conductor que regresaran al vehículo y ambos continuaron de camino al zoológico.

[Y como todavía falta la tercera parte... ¡otra vez continuará! Qué mala soy. :D]

Emma

15 de julio de 2011

LA MALDICIÓN DEL TIGRE (1)

[Nota: El cuento quedó algo más largo de lo que yo esperaba (me suele pasar), así que lo voy a poner por partes. Son tres. Y siguiendo el orden natural de las matemáticas, aquí va la primera.]

Los sonidos de la selva llenaban el aire tanto como la humedad y el calor, completando aquel entorno salvaje por el que los humanos se desplazaban con el mayor sigilo posible. Esto último no resultaba nada fácil; la vegetación era espesa y a menudo obstruía el camino, y los insectos picadores no dejaban de acosarlos. A Randy Winston, sin embargo, nada de eso le importaba. Hacía más de diez años que no pisaba una selva de verdad, y tal ambiente reconfortaba su espíritu de cazador. O mejor dicho, su espíritu de ex cazador.

La expansión humana había reducido los espacios vírgenes a unos pocos parches aislados. Existían reservas y zoológicos, por supuesto, pero sin las grandes extensiones que permitían la diversidad genética, buena parte de las especies grandes se hallaba al borde de la extinción. Era por eso que Winston ya no cazaba. Simplemente no quedaban presas, y el hombre había puesto sus servicios a la orden del World Wildlife Fund for Nature con la esperanza de que algún día sus animales favoritos volvieran a recorrer el mundo con libertad. Los activistas del WWF no lo tenían en muy alta estima debido a sus intenciones, pero hacían buen uso de su habilidad para el rastreo y su puntería con el rifle de dardos.

Winston apartó una mosca que zumbaba frente a su cara y usó un pañuelo para secar las gotas de sudor que se le metían en los ojos. Necesitaba ver con claridad, porque las huellas eran muy sutiles y cualquier distracción era suficiente para que se confundieran con otras depresiones del terreno. Además, a sus cincuenta y cuatro años Winston ya no tenía la agudeza visual de su juventud. Debía ser cuidadoso o el animal escaparía. Otra vez.

Los granjeros locales lo llamaban Muerte Silenciosa en hindi. El tigre salía de la selva por las noches, atrapaba a alguien y desaparecía con su víctima en la espesura. Nunca se encontraban los restos del cadáver, salvo quizás algún zapato o pedazo de tela. Sólo un niño había visto al animal, la noche en que éste se llevara a su hermanito de cinco años cargándolo en la boca igual que una gata a sus bebés. Era un gigante, le había dicho el niño a Winston; un gigante del color del fuego, con rayas negras como la noche y ojos amarillos y relucientes como el sol. Y hermoso, muy hermoso. Ése era un detalle que a Winston le había llamado la atención: que el niño alabara la belleza del tigre aunque hubiera devorado a su hermano. Pero el hombre podía entenderlo. Pocas cosas en el mundo eran más perfectas que un tigre, un ser que reunía gracia, fuerza y astucia en un solo cuerpo, pintado a su vez por la naturaleza con un diseño exquisito. Quien jamás hubiera visto un tigre y lo tuviera ante sí por primera vez, sin duda pensaría que algo tan magnífico no podía ser del todo real.

Quedaban apenas cincuenta y ocho tigres en el mundo, confinados en dos estaciones de cría. El animal de esa selva era el primer ejemplar en estado salvaje del que se tenía noticia en los últimos veinte años, y dado que al parecer estaba solo, el objetivo era capturarlo con vida, trasladarlo a Nueva York y ponerlo ahí con dos hembras fértiles y sanas a fin de obtener cachorros. Era crucial obtener sangre nueva; la endogamia había vuelto a los tigres muy susceptibles a una enfermedad viral, y un nuevo brote de la misma podría matarlos a todos en menos de una semana. Eso había pasado con los guepardos, que ahora sólo existían en los documentales. Era una pena. Nunca más volverían a correr detrás de las gacelas, aunque a decir verdad tampoco quedaban muchas de ellas para perseguir.

Winston se detuvo un momento. Acababa de encontrar una huella muy clara en el barro: cinco almohadillas perfectamente dibujadas. El primer pensamiento del hombre fue que el niño había tenido razón, pues un cálculo rápido le permitió saber que el animal sí era grande, más que el promedio. Algo así como trescientos kilogramos de puro músculo, dientes y garras. Randy Winston se moría de ganas por enfrentarse a él cara a cara, aunque no fuera a matarlo. Sería toda una experiencia.

Por fin llegó el momento en que la nariz del hombre captó su objetivo: el olor de la guarida. Su instinto más primitivo, el de supervivencia, le indicó que retrocediera porque ese olor significaba peligro; sin embargo, Winston se había entrenado para desoír ese tipo de advertencias, y lo que mandó fue la voz de su intelecto diciéndole que él era el depredador. La bestia no era rival para su inteligencia superior... ni el anestésico que pronto recibiría a través del dardo. Ya eres mío, pensó el hombre, y una sonrisa cruzó su rostro de barba incipiente.

Winston hizo un gesto a sus colegas: debían moverse con mayor sigilo todavía para no alertar al felino, cuyo sentido del oído debía ser muy agudo. El cazador esperaba que, debido a la hora, el calor y el festín que seguramente se había dado con el último granjero, el animal estuviera durmiendo o por lo menos aletargado. Podría dispararle desde una buena distancia; sólo necesitaba un blanco nítido y medio segundo para oprimir el gatillo. Pan comido.

Winston avanzó unos pasos más. Ya creía ver algo a través de la maleza, unos... ¿muros de piedra? Sí, eso eran, pero no le sorprendió. Había muchos templos abandonados en la región, y a los animales les gustaba usarlos como refugio. El tigre debía hallarse en algún lugar entre las piedras, a la sombra, en el fresco. Winston rodeó los pocos restos de la construcción... y no vio nada más que un montón de hojas aplastadas. El hombre titubeó un instante. Luego hizo una mueca de enojo: el tigre los había escuchado llegar. Demonios. Pero no podía estar demasiado lejos, porque el lecho vegetal se veía como recién abandonado y había huellas muy recientes en su periferia. Sólo tenían que seguirlas y...

Un minúsculo crujido fue el único aviso antes del ataque. Cualquier otra persona habría sucumbido en ese preciso instante, pero los reflejos de Winston estaban a la par de sus sentidos, y el hombre tuvo tiempo de darse vuelta y dispararle a la mole que estaba cayendo sobre él con las garras desenfundadas y los dientes expuestos, una larga y borrosa mancha anaranjada y negra. El dardo pegó en el blanco; Winston lo vio clavarse en la piel del tigre, y como no había tiempo para nada más, cruzó los brazos ante él para defenderse de la embestida que ya no podía frenar. El dolor fue inmediato, intenso, y le arrancó un grito antes de que el tigre lo aplastara contra el suelo, dejándolo sin aire. La cabezota del felino llenaba todo su campo visual: ojos dorados fijos en él con hambre y furia. Voy a matarte, le decían esos ojos; has invadido mi territorio y pagarás por ello con tu sangre. Aun así, Winston se perdió en la mirada del tigre como en un hechizo, porque tenía frente a sí a la bestia más admirable que hubiera visto en toda su existencia. Le estaba desgarrando los brazos con una facilidad pasmosa, iba a morderle la garganta a la menor oportunidad y entonces sólo le quedarían unos segundos de vida; sin embargo, lo que Winston pensó fue que ojalá sus compañeros no mataran al tigre para salvarlo a él, ya que estaba dispuesto a sacrificarse por aquella criatura tan magnífica. Nunca antes había pensado semejante cosa.

Hubo una confusión de voces y más disparos retumbaron en la selva. El tigre no había soltado a Winston, y sus garras dejaban largas y profundas marcas en su pecho. Los brazos del hombre eran sendos despojos de carne ensangrentada. Winston seguía gritando de dolor. Ya no le quedaba mucho tiempo, lo sabía, y sólo esperaba que el sufrimiento acabara pronto y que el tigre sobreviviera. No era una mala forma de morir, como un cazador cazado.

Las mandíbulas del animal aflojaron la presión. Los dardos estaban haciendo efecto, y poco a poco el tigre perdió fuerzas, derrumbándose sobre su presa como un peso muerto. Winston aún contemplaba los ojos dorados del felino, que se vaciaron de expresión al tiempo que la droga se apoderaba de la criatura, dominándola en silencio. El tigre se había dormido.

Winston se quedó ciego un momento, por la falta de aire y la pelambrera del animal que tapaba su cara. Luego sus compañeros empujaron al tigre a un lado y el cazador vio el primer rostro que se inclinaba sobre él manifestando preocupación.

—Randy, ¿puedes hablar?

El aludido no entendió la pregunta. Giró la cabeza hacia el felino, que yacía de costado y respirando suavemente. Sí, era hermoso. Una obra de arte maravillosamente letal.

—Es un rey —balbuceó Winston—. El rey de los tigres.

—¿Qué has dicho? —preguntó el otro hombre.

—Nos estamos llevando el corazón de esta selva—murmuró Winston mientras su propia conciencia se desvanecía—. Habrá... consecuencias.

Después de eso lo invadió la oscuridad.

[Y como dicen en las pelis... ¡continuará!]

Emma

Aclaración (añadida el 3 de enero de 2012): Por las búsquedas en la sección de estadísticas de este blog me he enterado de que existe un libro con el título La maldición del tigre, de Colleen Houck. Les aseguro que fue una coincidencia. El libro de Colleen Houck suena interesante, por cierto. ¡A ver si lo encuentro en alguna librería!

8 de julio de 2011

EL GRANO DE ARENA

Estoy escribiendo un cuento para poner aquí en los próximos días, pero mientras tanto quisiera responder la eterna pregunta: ¿de dónde sacamos las ideas los escritores? Respuesta: existe un banco de ideas disponible sólo para los escritores mediante una especie de tarjeta de crédito literaria. Nah, era broma. :P En realidad, las ideas pueden salir de cualquier lado, al menos en mi caso. A veces surgen de algo que he visto o escuchado, otras veces se me ocurren a partir de algún sueño loco. Creo que hay dos factores clave en el proceso creativo: la combinación de ideas que resulta en un concepto novedoso, y la pregunta "¿qué tal si...?" De eso puede salir cualquier cosa. Y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa. Sin limitaciones. Por supuesto, luego dependerá de la mente lógica del escritor sacar de la idea una historia más o menos coherente, aunque se trate de dinosaurios que pilotean naves espaciales o mundos fantásticos donde los magos convierten a las personas en piedra cada vez que estornudan (¡eh!, acabo de inventar esto último, pero quizás lo utilice en algún cuento).

La idea vendría a ser el grano de arena sobre el que se forma la perla. Claro que, dependiendo de la habilidad del escritor (o la dificultad particular de la idea), lo que se forma puede no ser una perla sino un pedrusco inservible. Otras veces sí sale una perla, pero hay que darle una pulida para que quede redondita y lista para convertir en una pieza de joyería.

Por todo lo anterior, lo mejor que puede hacer un escritor para tener ideas originales es llenar su base de datos, como diría James Christensen (que no escribe, sino que pinta; su galería está aquí). Cuanto más conocimiento tenga el escritor sobre el mundo que lo rodea, más capaz será de combinar ideas o de imaginar nuevas posibilidades.

En mi caso particular, leo cualquier cosa (y en el baño, como dije en mi post anterior). Artículos sobre ciencia, tecnología, política, humanidades y etcétera. Y muchas, muchas novelas. Aunque las novelas no las leo por la información (que a menudo tiene errores o ha sido modificada al servicio de la historia), sino para conocer la visión/interpretación de otras personas sobre el mundo, lo que en cierta manera también ayuda a entender la realidad. Hay escritores muy observadores. A veces mencionan algún comportamiento humano en sus novelas y yo me digo: "¡Eh, pues es verdad que hay gente así, no me había fijado!"

Por último, debo decir que tener una idea es como si se encendiera la típica lamparita en la cabeza, o como si uno hallara un rubí entre las conchillas de la playa. A uno le viene un subidón de felicidad, y el cerebro se enciende con fuegos artificiales de todos colores. ¡Cabuum! :)

Para la próxima entrega, el cuento. ¡Hasta entonces!

Emma

1 de julio de 2011

ÉRASE UNA VEZ...

Dicen que así empiezan las mejores historias. En todo caso, es el típico comienzo de las primeras historias que leí en mi vida: los cuentos de hadas (por ahí también había unas cuantas revistas de historietas de Disney y la Pequeña Lulú). Así fue como me convertí en una lectora voraz, que actualmente no es capaz ni de ir al baño sin llevar algo para leer.

Lo de escribir empezó un poco más tarde. Llegó el momento en que mi cerebro se cansó de solamente leer las historias ajenas y empezó a crear sus propias historias. En algún momento esa afición se convirtió para mí en algo tan vital como respirar (bueno, tal vez estoy exagerando; respirar sigue siendo más importante). No pasa un solo día sin que no le dé vueltas a una historia u otra, imaginando personajes y situaciones. Algunos de esos personajes casi que son parte de la familia, igual que los gatos y mis tarántulas (no me miren así, las arañas son hermosas y fascinantes).

Quizás debido a los cuentos de hadas, me gustan el horror y la fantasía. En serio, ¿se puede imaginar algo más fantásticamente macabro que los cuentos de hadas? ¿Niños abandonados en el bosque por sus padres, abuelitas devoradas por lobos, madrastras que ordenan asesinar a sus hijas? Dan escalofríos, ¿verdad? Por supuesto, ahora que soy grande también leo libros para adultos, empezando por el viejo y querido Stephen King. ¡Y su hijo Joe Hill también escribe! No se pierdan Cuernos, está estupendo. El hijito no tiene nada que envidiarle a papi en cuestiones narrativas.

Me gusta escribir para entretener. Y para asustar, aunque a veces es difícil ya que debo competir con la realidad. Tengo la suerte de que muy pronto saldrá a la venta una de mis novelas cortas, así que me encuentro en un estado de ¡yupi-yupi-yupi-qué-feliz-me-siento! :) Sobre todo después de haber leído tantas veces que publicar algo hoy en día con editoriales "de verdad" es casi imposible. Sin embargo, hay muchas horas de práctica detrás de lo que escribo, así que quizás no sea yo tan suertuda después de todo. En fin, les avisaré cuando tenga más novedades al respecto. Mientras tanto, me gustaría compartir aquí otras historias que he escrito, y varias cosas que he aprendido sobre la creación literaria. Pongámoslo de esta manera: escribir bien no es fácil. De acuerdo, a veces sí lo es, cuando surge de la nada un chispazo de inspiración y la historia parece escribirse sola; el resto del tiempo, no obstante, hay que poner a trabajar la materia gris hasta que echa humo igual que una locomotora. Chucu-chucu-chucu (y casi siempre cuesta arriba).

Esto es todo por ahora. Los invito a acompañarme en mi viaje por el mundo de la literatura. Algo así como en La historia interminable.

No olviden la alfombra mágica y un hada madrina :) (y quizás un hacha para decapitar a la bruja malvada).

Emma